Un sueño



El partido más esperado, el que más añoramos ganar: el Clásico capitalino se jugó la noche del sábado en el Estadio Nacional.

No importaba el día ni la hora, los nervios iban a ser los mismos. Eso despierta un clásico que siempre tiene los condimentos para hacernos pasar un buen momento.

La primera mitad fue un poco diferente a lo que estamos acostumbrados, tres goles antes de ir al descanso. Olimpia inició en desventaja tras un golazo del ex olimpista Irvin Reyna, pero Costly igualó el marcador unos minutos después. Celebración grupal con baile incluido, ¡qué lindo! El equipo irradia alegría y buena vibra. La remontada llegaría después de un veloz contraataque de Quioto, por un momento lo confundí con Usain Bolt. Un rayo en la cancha y dinamita pura en las piernas.

Un trío ofensivo que impone presencia le dio los goles del triunfo ayer a los Merengues. Carlo Costly cayó en el área rival y Elis con temple y serenidad desde los once metros confirmaba la efectividad de los albos en el partido. La grada estalló en cánticos y saltos, Costly quiso que la fiesta continuará y con otro cabezazo puso el número 4 en el marcador.

Héctor Vargas apostó al ataque haciendo ingresar a Michael Chirinos y Carlos Will Mejía. El partido se daba para eso, paras más goles, todos lo queríamos pero no pudo ser. Los jugadores estaban agotados, el esfuerzo y desgaste fue grande.  No fue necesario un tiempo extra, no había más que hacer. Los blancos derrotaron a los azules en un gran partido, y se afianzan en la punta de la tabla una jornada más.

Clásicos como el de ayer queremos ver, independientemente del ganador fue un intenso duelo futbolístico, pero es importante entender que el partido se juega en la cancha, no antes o después. El deporte es una de las cosas más lindas que tenemos, no hay porque echarlo a perder con pleitos inútiles que no aportan nada al bienestar de nuestros equipos. ¡Respeto y tolerancia!

En este tramo final del campeonato es importante ir encontrando los jugadores ideales para emprender la lucha por la número 30. León, ¡no nos despertés de este sueño del que todos los olimpistas somos dueños! Así te queremos ver jugar, así alimentas más este amor incondicional y así nos haces felices.

Vivian Pavón

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