Fue así que las manecillas del reloj daban las 5:00 PM del 4 de Abril. El balón se movía desde el punto central del Tiburcio Carías Andino y en el ambiente se respiraba aire de campeón. Hector Vargas mandaba de arranque al delantero argentino Pablo Vásquez y nos daba un aviso de lo que podría deparar el encuentro, aprovechar el juego aéreo del atacante para hacer daño a los verdes, sin embargo la mas clara del sudamericano la tuvo en sus pies y no pasó más allá de ser un grito de gol ahogado.
Los primeros minutos de juego fueron de ida y vuelta, con un Marathon que parecía responderle al Olimpia sin embargo con el pasar de los minutos el empujón anímico no le ajustó a los verdolagas que se comenzaron a caer, se fueron quedando y Olimpia entendió el mensaje.
Los constantes balones hacia la banda derecha para aprovechar la desequilibrante velocidad de Romell Quioto fueron una inquietud para los defensores sampedranos, los leones generarían dos o tres acciones de peligro, una de ellas la de Vásquez quien controló el balón pero no logró rematar de la mejor manera, estuvo cerca Olimpia, pero hasta ahí.
El primer tiempo se diluía con un tinte de polémica luego de una jugada enredada entre Donis Escober y Diego Reyes que derivaría en dos cartulinas amarillas para los blancos del Olimpia, al parecer este episodio fue lo mas entretenido del primer tiempo y talvez de los 120 minutos.
En el segundo tiempo, los leones mermarían sus asedios y serían los verdes quienes se animarían aunque con cautela a buscar el partido, esta vez la más clara estuvo en los botines de Luis Ramírez quien sólo frente a Donis Escober no supo resolver y el guardameta olimpista salvó su cabaña de lo que parecía el 1-0.
Más allá de esto no hubieron acciones de apremio en un partido muy lento y pasivo, en el que terminaría empatado en su tiempo reglamentario, dando paso así al tiempo de alargue. El cual también nos mostró dos equipos que no imprimían velocidad, cansados talvez y que no brindaron un verdadero espectáculo.
La mas clara de los 30 minutos del alargue la tendrían los leones, con un cabezazo que impactaría en el poste y levantaría a muchos de sus asientos, pero en vano. Cuando todo parecía concluir sin un sólo grito de gol, Ramiro Bruschi conectaba de cabeza un balón en el área y el Nacional se convirtió en una locura, sin embargo la jugada no contaba debido a una posición adelantada del jugador charrúa, y así el arbitro finalizaba el encuentro y todo se iba a decidir desde el punto penal.
Y es que para todo el olimpismo decir penales trae malos recuerdos acompañados de un escalofrío tal vez. Nunca en nuestra historia habíamos alzado una copa desde esta instancia, sin embargo esa noche la historia la escribiríamos diferente.
Omar Guerra ejecutaba exquisitamente para abrir la brecha, Roger Rojas con clase la ponía en el ángulo al mismo tiempo que para Marathon, Sergio Bica estrellaba el balón en el horizontal. El pueblo olimpista empezaba a soñar, y estos sueños se agigantarían con los goles de Romell Quioto y David Meza. 4 goles en 4 tiros cobrados, los leones se mostraban impecables y todo lo decidía el siguiente penal para el equipo verdolaga. Mauricio Sabillón tomó el balón y se perfiló, pero frente a el estaba la figura del capitán olimpista, un león de mil batallas. Sabillón remataba hacia su derecha a la vez que Donis Escober alzó su vuelo para detener con sus guantes de oro aquel balón. El Nacional se vino abajo, el grito que espero un año por fin salió de las gargantas de millones de olimpistas en el mundo.
Olimpia volvía a escribir una nueva historia de grandeza, de gloria. Olimpia agregaba una nueva estrella a su gloriosa, inmaculada e intachable camiseta. Felicidades olimpistas, ¡SOMOS CAMPEONES!
mayo 08, 2014
